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Reflexiones de Monteiro sobre su detención en prisión

Reflexiones de Monteiro sobre su detención en prisión

Antonio Monteiro fue recibido el mes pasado por una multitud de partidarios en el aeropuerto de Cabo Verde, despu[es de su liberación de prisión en Togo. Su detención había sido centro de varias campañas por parte de la Iglesia Adventista mundial que se dedicaron a pedir su liberación. [fotografía por cortesía de la familia Monteiro]

Primera entrevista al pastor adventista desde su liberación

February 07, 2014 | Dakar, Senegal | Delbert Baker

El pastor adventista Antonio Monteiro dos Anjos fue arrestado, acusado y encarcelado en la Prisión Civil de Lomé (Togo) el pasado 15 de marzo de 2012. Después de 22 meses, el Juzgado de Apelaciones de Togo declaró inocente a este nativo de Cabo Verde de todos los cargos en su contra, y fue liberado el pasado 13 de enero de 2014. Miles de adventistas del séptimo día, personas de diversas denominaciones y defensores de los derechos humanos en el mundo, que habían orado y hecho esfuerzos por la liberación del ministro, se sintieron agradecidos por la noticias de su liberación. Pero todavía hay otros, incluido Bruno Amah, miembro de la Iglesia Adventista, que permanecen en prisión por cargos relacionados con el caso.

Monteiro y su familia pasaron el primer sábado en libertad en Dakar (Senegal), en camino a su hogar en Cabo Verde. Delbert Baker, uno de los vicepresidentes de la Iglesia Adventista mundial y representante de la sede central de la iglesia, se reunió con los Monteiro y los acompañó de regreso a Cabo Verde. Monteiro recibió una cálida y jubilosa bienvenida de más de mil partidarios y amigos reunidos en el Aeropuerto Internacional Nelson Mandela, en la ciudad capital de Praia. Baker entrevistó a Monteiro en Senegal, donde analizaron el tiempo que pasó en prisión, lo que sintió durante ese período, y lo que planea hacer a continuación.

La traducción del portugués al inglés fue provista por Andreia, una de las hijas del pastor Monteiro.

ALGUNAS REFLEXIONES

Delbert Baker:
 En breve, ¿cómo resumiría su experiencia de ser falsamente acusado, arrestado y colocado en prisión durante casi dos años que usted no cometió?

Antonio Monteiro: Ayudé a un hombre que vino a mi oficina para pedir ayuda, un hombre que jamás había visto antes. Tiempo después ese mismo hombre, cuando se vio en problemas con la policía, me acusó a mí y a otros de un crimen del cual yo no sabía nada ni había tenido nada que ver. Como resultado de esas acusaciones falsas, fue arrestado y mantenido injustamente en la prisión.

Cuando me sucedieron estas cosas fue como si el cielo hubiera caído sobre mí. El último sermón que prediqué antes de ser arrestado hablaba del reavivamiento personal y de caminar con Dios. Cuando prediqué ese sermón no podía saber cuánto necesitaría creer y seguir los mismos principios de la Biblia de los que estaba hablando. Mi fe fue probada, pero Dios me sustentó.

Baker: Las cortes de Togo lo hallaron hace poco inocente de todos los cargos. ¿Cuáles fueron sus emociones cuando escuchó el veredicto?

Monteiro: Me sentí agradecido, aliviado y feliz. Recuerdo cuando el juez estaba leyendo las declaraciones con todos los términos y leyes legales, que los dos guardias que estaban junto a mí se volvieron hacia mí y me dijeron en voz baja: “¡Pastor, usted está libre!” Fue un momento emocional y de mucho gozo. Mi primer pensamiento después de escuchar el veredicto fue que tendría tanta alegría de estar con mi familia y mis amigos.

Baker: ¿Qué factores influyeron para su absolución y liberación?

Monteiro: En primer lugar, fue una intervención directa de Dios. El Señor obró por medio de otras personas. Podría haber sido ignorado u olvidado en prisión, pero mi esposa y mi familia, los líderes y colegas de todos los niveles de la Iglesia Adventista no me olvidaron. Entonces Dios obró por medio del gobierno de Cabo de los abogados de la defensa. El poder de Dios fue magnífico.

LAS PRUEBAS

Baker:
 Al mirar hacia atrás, ¿tiene usted alguna idea de por qué Dios puede haber permitido que tuviera que pasar por esa experiencia?

Monteiro: En realidad, no puedo explicar lo que pasó. Parece ser que Dios quiso cumplir un propósito mayor. Me doy cuenta de que no tengo todas las respuestas a las cosas que nos suceden en la vida. Hay cosas que no tenemos más que vivirlas. Mi mayor preocupación eran los integrantes de mi familia. Si a ellos les hubiera pasado algo como consecuencia de lo que me había sucedido a mí, eso habría sido lo peor.

Baker: ¿Lo llenaron de ira o amargura las acusaciones y el tiempo que tuvo que pasar en prisión?

Monteiro: No. No me sentía enojado o amargado. Sabía que no había sustento para esas acusaciones contra mí, y sabía que estaba siendo tratado injustamente. Al comienzo solía preguntarme: “¿Por qué me está sucediendo esto?” Pero entonces comencé a preguntarme: “¿Qué quiere Dios que aprenda de esta situación?”

Esa fue una manera mucho mejor de enfrentar mi situación. Decidí que no pasaría tiempo siendo negativo sino que, por el contrario, lo usaría como una experiencia de aprendizaje y crecimiento. En prisión vi a tantos otros presos que estaban enojados, airados y molestos todo el tiempo. Vi lo que podía hacer la ira y la amargura para quebrantarlos y envenenar todas sus relaciones. No quería terminar así como ellos.

Baker: ¿Qué puede decir de los otros que también fueron acusados con ustedes, pero que no han sido liberados?

Monteiro:
 Alguien me dijo, y yo lo creo, que yo estaba en la prisión con una misión, y que no podía salir de prisión hasta que se cumpliera mi misión. Esto fue así en mi caso, y es también verdad en el caso de los demás. Tenemos una misión que cumplir, y Dios promete estar con nosotros cuando nos quedamos para cumplirla o cuando él quiere que le pongamos fin.

Cuando salí de la prisión, le dije al hermano [Bruno] Amah, a quien respeto y quien creo que es inocente, y a los creyentes, que tienen que continuar con la obra que nosotros comenzamos. Aún oro para que el mismo Dios que obró con nosotros en el pasado siga estando con ellos. Sigo interesado en ellos, y sigo apoyándolos.

LA ABSOLUCIÓN

Baker:
 ¿Qué habría pasado si su veredicto hubiera sido diferente? ¿Qué habría sucedido si usted no hubiera sido liberado?

Monteiro: Es una buena pregunta, y me alegro mucho de no tener que responderla (risas). Caundo estaba en la prisión, creía realmente que Dios me liberaría. Él me impresionó con ese pensamiento. Aun así, sabía que no podía decir mucho sobre la condena. Pero aunque creía que Dios me liberaría, estaba preparado para seguir en prisión o para hacer cualquier sacrificio que fuera necesario.

Baker: Usted hizo la obra de un cristiano al ayudar a una persona necesitada. Entonces esa misma persona contribuyó a acusarlo falsamente. ¿Ha hecho esta experiencia que usted ahora piense dos veces antes de ayudar a otra persona?

Monteiro: No. Lo que sucedió no ha influido en mi deseo de ayudar a otros. El hecho de que pasen cosas que uno no desea cuando nos dedicamos a hacer el bien no debería detenernos a la hora de hacer el bien. Jesús hizo el bien, y mire cómo fue tratado en la cruz. En prisión, tuve la oportunidad de ayudar a más gente que nunca antes. Sin embargo, a la hora de ayudar a los demás, siempre deberíamos ser sabios y pensar bien para tomar las precauciones que sean necesarias.

Baker: ¿Siente usted que su experiencia espiritual previa lo preparó para esta prueba?

Monteiro: Dios no permitirá que nos sobrevenga una experiencia o tentación que no podemos soportar. Yo creo que Dios nos prepara para lo que tendremos que enfrentar. Sí, mi experiencia previa con Dios me ayudó a prepararme para enfrentar y progresar en esa situación. Un solo suceso no alcanza para prepararnos.

Como dijo Jesús: “Padre, si es posible, pasa de mí esta copa”. Pero entonces tenemos que agregar: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Estos son pensamientos que no vienen una sola vez en la vida, sino que regresan de tanto en tanto. En cada ocasión, tenemos que enfrentarlos y seguir creyendo por fe.

EL MINISTERIO

Baker:
 Describa un día típico en la prisión.

Monteiro: Vivía en una prisión que había sido construida para albergar a quinientos presos, pero donde había casi dos mil. Donde yo estaba específicamente tenía de 25 a 28 hombres, y era un lugar muy estrecho, sin ventanas o aire acondicionado. Nos levantábamos temprano. Yo dedicaba tiempo a la oración personal y a leer la Biblia, y entonces pasábamos al patio. Muchos prisioneros consideraban que la comida no calificaba como alimento. Por supuesto, no podíamos acceder a las libertades más básicas.

Cada tarde, a las 17.30, los guardias nos encerraban a todos en la habitación y no podíamos salir. Ellos tampoco regresaban hasta el día siguiente a las 6.00. No teníamos camas, sino tan solo unas esterillas sobre el piso duro. En el centro de la habitación había un cubo grande que todos usábamos como baño. No había privacidad. Permítanme decirles que las condiciones de vida dejaban mucho que desear. Debido al ambiente, había enfermedades y la posibilidad de que surgieran peleas. Sin embargo, para mí fue una bendición la manera en que los demás prisioneros me respetaban y trataban, y por el hecho de que jamás, ni siquiera una sola vez, me enfermé mientras estuve allí.

Baker: Mucha gente de diversas partes del mundo lo visitó allí en prisión. ¿Qué impacto tuvieron esas visitas en usted y en el tiempo que pasó en prisión?

Monteiro: Sí, las visitas me resultaron de lo más alentadoras. Ahora entiendo mejor lo que dice la Biblia cuando nos dice que tenemos que visitar a los que están en prisión. Cada visita era un testimonio y una demostración de amor y apoyo.

El punto destacado de mi día era cuando llegaba mi esposa a visitarme. Se le permitía traerme alimentos, y así lo hacía cada día. A menudo venían también mis hijas. Entonces recibí visitas de los líderes de la Misíón y la Unión adventistas, tanto de pastores como de miembros; visitas de representantes de la División y la Asociación General, y de mi país, Cabo Verde.

Una de las visitas más especiales fue la que me hizo el pastor Ted [Wilson], el presidente de la Asociación General de la Iglesia Adventista. Todos, tanto los prisioneros, los guardias, los directivos de la prisión, los miembros y la gente de la comunidad, quedaron impresionados al ver que el presidente dedicó tiempo a visitarme.

LAS LECCIONES

Baker:
 ¿Cuáles son algunas de las lecciones que usted ha obtenido durante este tiempo en la prisión?

Monteiro: Hay muchas lecciones que he aprendido mientras estuve en prisión. Aquí hay algunas. Aprendí que hay gran poder en las siguientes cosas:

En primer lugar, en perdón sin resentimiento. Sentí la tentación de sentirme amargado y enojado por la forma en que era tratado. Pero recordé que Jesús también fue maltratado y acusado injustamente, inclusive por sus mismos seguidores. De manera que mi plan fue perdonar y no guardar resentimiento. Fue por ello que logré relacionarme amablemente con el hombre que me había acusado falsamente, un hombre que más tarde fue confinado a la misma prisión donde yo me encontraba. Eso me brindó fuego espiritual y poder para seguir adelante.

A continuación, aceptación sin darme por vencido. No sabía qué me depararía el futuro, pero acepté mi estado en la prisión. Creí que en algún momento sería liberado, aunque no sabía dónde y cómo se produciría esa liberación. Por lo tanto, no le dije a la gente cómo reaccionaría si no lo era. ¿Por qué? Porque no quería que ellos me malentendieran y creyeran que tenía dudas o inseguridades. No pensaba rendirme; pensaba seguir creyendo y trabajando para obtener justicia contra las falsas acusaciones.

En tercer lugar, compasión y generosidad. En la prisión siempre hay necesidad de ayudar a la gente. El amor y la bondad eran muy importantes en esa prisión. Estábamos muchos presos en un lugar reducido. En esta situación difícil, hay una necesidad real de demostrar el amor de Cristo.

Cuando la gente estaba con hambre, necesitaba dinero, estaba desanimada o tenía problemas en su hogar, me acercaba a ellos y los ayudaba dentro de lo posible. Entonces, cuando los prisioneros se enojaban y comenzaban a pelear, buscaba que recuperaran la paz y su reconciliación. Por sobre todo, cuando las personas se mostraban abiertas, les compartía el evangelio. En portugués hay una palabra, “morabeza”, que resume lo que yo buscaba demostrarles. Es una palabra poderosa que significa hospitalidad, amabilidad y amor.

En cuarto lugar, confianza persistente en Dios. Seguí creyendo que Dios estaba conmigo en la prisión. No me iba a dar por vencido. Pensé en los personajes de la Biblia que tuvieron que pasar tiempo en prisión (José, Jeremías, Pablo y otros), y esto me animó. Al igual que Pablo, no era prisionero de Togo, sino de Jesucristo.

Finalmente, aprendí a usar el tiempo con sabiduría. Tenía tiempo libre. Podía desperdiciarlo o usarlo para crecer mental y espiritualmente. Leía la Biblia y otros libros. Oraba, escribía un diario y preparaba temas devocionales. Podía predicar, enseñar y aconsejar a otros. Procuré usar mi tiempo de manera constructiva.

EL EJEMPLO

Baker:
 Usted se refirió a la necesidad de perdonar a los que lo habían acusado falsamente. ¿Cómo logro ejercer el ministerio del perdón?

Monteiro: Simplemente los perdoné. Como resultado de mi decisión de no estar enojado o amargado, resolví perdonar así como Dios me había perdonado. La venganza no vale la pena, y cuesta mucho.

La gente vio que traté a mi acusador con bondad y decencia, y quisieron saber entonces cómo lo lograba. Esta demostración viviente de perdón abrió muchas puertas a la testificación, y esto comenzó a hacer una gran diferencia. La prisión se convirtió en un lugar más pacífico. La gente decía: “No podemos pelear como lo hacíamos antes cuando el pastor Monteiro anda por aquí” (risas). El ejemplo del perdón es poderoso y contagioso.

Baker: Usted se dedicó a evangelizar y testificar. Hay fotografías donde se lo ve llevando a cabo una Santa Cena, y también bautizando. Cuéntenos sobre sus actividades misioneras.

Monteiro: La prisión era un territorio de evangelización y los presos eran personas que había que ayudar y, de ser posible, ganar para Cristo. Las experiencias en la prisión que tuvieron Pablo, Daniel y José, junto con sus hábitos de testificación, me sirvieron de muy buenos ejemplos. Pablo testificó y ganó almas para Cristo mientras estaba encadenado. Daniel fue arrojado en prisión durante un tiempo, pero él dio un testimonio al rey. José estuvo en prisión injustamente y aun así, testificó y trató con bondad a los demás prisioneros.

Cuando llegué a la prisión, me presentaron como pastor adventista. Querían que les predicara, y así lo hice. Solía predicar y dar estudios bíblicos de manera periódica. Entonces también regalé impresos llenos de la verdad que me trajo la iglesia a la prisión. Usamos y regalamos los libros de la serie “El conflicto de los siglos”, cientos de estudios bíblicos, la serie “Conectados con Jesús”, libros tales como El hogar cristiano, El camino a Cristo, y más de dos mil ejemplares de El conflicto de los siglos.

Entonces organizamos grupos de oración y de estudio de la Biblia. También organizamos un “Día de Oración por Togo”. Por primera vez, musulmanes, católicos, protestantes y de otras religiones se unieron en comunión para orar por el país y por los líderes de Togo. Estas actividades crearon unidad en la prisión.

Baker: El modelo típico de ministerio en la prisión es que la gente ministre “desde afuera hacia adentro”. En su caso, fue “de adento hacia afuera”. ¿Le resultó difícil cumplir con el ministerio en la prisión, siendo usted mismo prisionero?

Monteiro: En ocasiones me resultó difícil ministrar en la prisión, pero también sentía gozo, en especial cuando veía respuestas a las oraciones y vidas transformadas. No fui a la prisión con un plan misionero ya desarrollado y establecido (risas). El plan se fue desarrollándose a medida que se presentaba la oportunidad.

Predicaba los martes y jueves y daba estudios bíblicos durante toda la semana. También tenía tiempo de traducir la Biblia y materiales del espíritu de profecía al portugués. Entonces estaban los servicios bautismales y de comunión, que tan significativos resultaron. En una ceremonia bautismal, se bautizaron nueve presos que se unieron a la Iglesia Adventista.

EL FUTURO

Baker:
 ¿Cuál cree usted que es el legado espiritual del tiempo que pasó en prisión?

Monteiro: No estoy seguro de que lo llamaría un legado, pero me gustaría pensar que he cumplido con la misión que Jesús quería que llevara a cabo. Llegué allí acusado por algo que no había hecho. Mientras me encontraba allí descubrí que había grandes necesidades. Y que yo tenía algo especial que ofrecer, una obra especial para llevar a cabo. Y así lo hice.

Baker: Su ministerio sin duda continuará. ¿Cuáles son algunas de las posibilidades que contempla?

Monteiro: Mi deseo es ministrar y ayudar a la gente. Veré qué tiene Dios para el futuro. Tengo mi misión de pastor en la Asociación de Cabo Verde. Asimismo, siento gran interés por el ministerio en las prisiones. Creo que puedo usar mi experiencia para ministrar en esta área y mejorar las cosas. Este es el ministerio que Cristo alienta, y hay muchísimo que puede lograrse en esta importante área. Entonces, estoy dispuesto a compartir mi testimonio con quien sea que quiera escucharlo.

AGRADECIMIENTOS

Baker:
 ¿Qué mensaje le gustaría compartir con los adventistas y con otras personas del mundo que oraron por usted y que ahora se alegran por su liberación?

Monteiro: Tengo un mensaje, y es un mensaje de agradecimiento. Díganle a toda la iglesia mundial “gracias, gracias y gracias”. Me siento agradecido por el amor, el apoyo y las oraciones durante todo el tiempo que pasé en prisión. El amor de mi esposa y familia; y sí, el amor de toda la iglesia es algo que llevo conmigo.

Me siento agradecido por el apoyo de la Iglesia Adventista, que fue un sólido testimonio ante el gobierno y los ciudadanos de Togo. También fue un testimonio poderoso para mi propio país, de que los adventistas están unificados y se apoyan entre sí.

Agradezco al pastor Ted Wilson por la visita que me hizo en prisión y por el continuo apoyo que me brindó. Agradezco también al pastor Wari y al personal de la División de África Centro Occidental, al pastor Guy Roger (y a su equipo), al pastor Solomon Assienin, de la Unión de Sahel. Agradezco de manera especial al doctor John Graz, al doctor Ganoune Diop, y a usted, de la Asociación General y del Departamento de Libertad Religiosa, porque me ayudaron a mí, a mi familia, y brindaron liderazgo dentro de este movimiento mundial para que yo fuera liberado. También siento un profundo aprecio por los abogados de la defensa, y por Todd McFarland, de la Asociación General [Secretaría de Asesoría Legal], por el buen asesoramiento legal que recibí y la excelente defensa. Tengo que agradecer a la Asociación General, al doctor Baker, por venir a saludarnos y acompañarnos a Cabo Verde después de mi liberación de la prisión.

Así es que estoy agradecido por todos lo que de alguna u otra manera me apoyaron. Las palabras no alcanzan a expresar plenamente mi gratitud. Siento que tengo tantas cosas por las cuales estar agradecido.

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