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Iglesia Adventista en Norteamérica da a conocer declaración que enfatiza la igualdad de todos los estadounidenses

Iglesia Adventista en Norteamérica da a conocer declaración que enfatiza la igualdad de todos los estadounidenses

La Estatua de la Libertad, un histórico símbolo de la libertad en los Estados Unidos, tiene las siguientes palabras grabadas en su base: “Dadme tus cansados, tus pobres, tus masas amontonadas gimiendo por respirar libres, los despreciados de tus congestionadas costas. Enviadme a estos, los desposeídos, basura de la tempestad. Levanto mi lámpara al lado de la puerta dorada”. Algunos hoy, sin embargo, están cuestionando la presencia de los que llegan a nuestras costas que provienen de países que enfrentan desafíos políticos, económicos y de catástrofes naturales.

Como la denominación cristiana de mayor diversidad étnica en los Estados Unidos, la Iglesia Adventista del Séptimo Día defiende con decisión los derechos de todos los hombres, mujeres y niños, no importa cuál sea su país de origen—los derechos igualitarios otorgados por la Constitución de los Estados Unidos y el tratamiento justo como inmigrantes y refugiados en nuestro amado país.

La ascendencia de casi todos los ciudadanos estadounidenses incluye la inmigración desde un territorio, y muchos llegaron aquí con la esperanza y la promesa de una vida mejor hecha posible por una nación que reconocía el tratamiento justo e igualitario de todos sus ciudadanos. Como grupo religioso formado en los Estados Unidos hace más de 150 años, celebramos la libertad religiosa otorgada a todos los que escogen vivir y adorar aquí. Nuestro país muestra su mejor versión cuando celebramos la diversidad étnica, las variantes culturales y la libertad religiosa de todos los estadounidenses.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día se une a otras comunidades de fe para hacer un llamado con oración a todos los estadounidenses, para que analicen su corazón y busquen la conducción divina en sus interacciones diarias con los demás. Dios crea iguales a todas sus criaturas y su amor está a disposición de todos los que lo aceptan, no importa cuál sea su trasfondo, lugar de nacimiento, o estatus económico. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).